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Artritis reumatoide. ¿Qué es y cómo se trata?

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Hoy en España, más de 200.000 personas sufren artritis reumatoide. Un 70% de ellas se sienten incomprendidas no solo por su entorno laboral y social, sino también por el familiar. Además de las consecuencias físicas, la artritis reumatoide ocasiona trastornos emocionales y psicológicos. En un alto porcentaje, afecta negativamente al desarrollo de la vida social de quienes la padecen.

Por otro lado, aunque en una proporción menor, hay quienes han tenido que abandonar su trabajo o cambiar de profesión. ¿La causa? Su incapacidad para rendir y la incomprensión de sus superiores. En otras ocasiones, han sufrido un despido objetivo por causa de su absentismo durante sus brotes. Cada vez son más las personas que son diagnosticadas y que, perdidas, buscan respuestas para sus procesos. Afortunadamente, cuentan con el apoyo de asociaciones y organizaciones que ofrecen un apoyo integral.

artritis reumatoide

dolor de rodilla producido por artritis reumatoide

¿Qué es la Artritis Reumatoide y qué la produce?

La artritis reumatoide es una enfermedad crónica y progresiva que suele presentarse en brotes o épocas de agudización de su sintomatología.  La palabra artritis significa “inflamación de las articulaciones”. El concepto de reuma la engloba, a la vez que aúna a más de cien enfermedades que afectan también al sistema musculoesquelético. Son ejemplos el lupus, la fibromialgia o la espondilitis anquilosante. Este tipo de artritis es exclusiva de las articulaciones (aunque produce secuelas a otro niveles sistémicos) y su naturaleza es autoinmune.

Concretamente, la artritis reumatoide afecta al cartílago que recubre los huesos que se unen en las articulaciones, produciendo múltiples síntomas y alteraciones en la biomecánica de quien la sufre. Los síntomas principales de la artritis reumatoide son la inflamación articular, junto con tumefacción, rigidez (especialmente matinal) e hinchazón. Las zonas a las que afecta principalmente son: mano y dedos, muñecas, pies, rodilla, columna cervical, hombro y codo.

¿Qué significa el concepto “autoinmune”? Paradójicamente, el sistema inmunológico a veces se activa de forma errónea y ataca células propias (en este caso de las articulaciones) como si del enemigo se tratase. El metabolismo celular produce una acumulación del líquido sinovial (de ahí la hinchazón), así como calor focalizado y dolor vinculado a la rigidez. Además, a largo plazo, si la inflamación se mantiene en el tiempo, produce un deterioro del cartílago, lo cual es altamente negativo, pues el tejido que compone el sinovio no se regenera. Se contemplan como causas posibles de esta alteración autoinmune las genéticas, hormonales, ambientales y el tabaquismo.

Diagnóstico

No existen pruebas diagnósticas certeras que confirmen la existencia de la artritis reumatoide, por lo que el juicio clínico del reumatólogo se convierte en el único criterio válido a día de hoy para su reconocimiento. El médico especialista realiza una anamnesis o interrogatorio así como una exploración física al paciente para indagar sobre sus antecedentes personales y familiares, así como definir los síntomas y signos clínicos y su estado de gravedad. También se evalúan las limitaciones vitales y funcionales que el paciente pueda presentar, ya que muchos de ellos hasta requieren de asistencia en su vida cotidiana. Para que esta valoración médica sea más fehaciente, los reumatólogos cuentan con unos baremos o criterios de clasificación relacionados sobre los que puntúan la existencia o no así como su intensidad en cada paciente.

Normalmente, para la valoración de la existencia de enfermedades reumáticas se prescriben analíticas completas de sangre, así como radiografías y resonancias magnéticas de las áreas musculoesqueléticas afectas (estas últimas normalmente para un diagnóstico diferencial o por descarte). Es importante que el diagnóstico se realice precozmente, puesto que se ha evidenciado que el tratamiento de la artritis reumatoide aplicado desde sus comienzos de manifestación de la enfermedad, mejoran de forma notable el pronóstico y la calidad de vida del paciente. Debido a los múltiples síntomas de la artritis reumatoide, se hace preciso el trabajo de un equipo multidisciplinar formado por el reumatólogo, enfermero, médico rehabilitador, fisioterapeuta, psiquiatra, psicólogo y terapeuta ocupacional.

El dolor reumático

Al igual que tantas otras enfermedades reumáticas, la artritis reumatoide conlleva un alto grado de dolor asociado. También se produce una limitación funcional con la consecuente reducción de actividades en la vida diaria del paciente. Vivir con dolor es un asunto difícil y complejo para quien lo sufre y para quien está a su lado. Expresar y manifestar el dolor de la enfermedad es subjetivo. Si bien el dolor es positivo porque avisa al organismo de que algo anda mal para huir o evitar su causa, en el reuma, conlleva otro significado.

Lo que ocurre en las enfermedades crónicas como esta, es que el proceso del dolor se cortocircuita hasta hacerse crónico y persistente. A veces es insoportable y mina el humor del paciente. Cuando existe una lesión, las terminaciones nerviosas (nociceptores) envían al Sistema Nervioso Central señales. Estas se codifican en dolor a su recepción y la «señal» se mantiene activa. Si bien el dolor crónico informa de que hay algo que no funciona correctamente en el organismo, paliarlo no es tan sencillo. A veces hay que conformarse con controlarlo durante los brotes para tener una calidad de vida lo mejor posible.

Efectos de la Artritis Reumatoide

Dolor leve, rigidez puntual y algo de fatiga son síntomas muy habituales. Así suele ser el duro comienzo de la artritis reumatoide que afecta a miles de personas en diferentes grados. De forma lenta y simétrica se presentan los brotes de dolor y tumefacción articular. Se consideran brotes los momentos de exacerbación de la enfermedad más o menos puntuales y frecuentes. Suelen verse representados por la inflamación de las articulaciones afectas. Sin embargo, hay pacientes en los que el dolor intenso y otros síntomas no se alternan en brotes sino de forma continua.

A medida que la enfermedad avanza, la rigidez matinal suele durar una hora o más. Después, el paciente va sufriendo limitaciones articulares que se ven reflejadas en actividades de la vida diaria que ya no puede realizar como antes. Por ejemplo, teclear en el ordenador, agarrar una taza o caminar durante un tiempo prolongado.

Las deformidades articulares son bastante comunes también, sobre todo en dedos de pies y manos. Además de la tumefacción, la febrícula, la fatiga, la depresión, los nódulos subdérmicos y hormigueo, también aparece sequedad en los ojos y escasa movilidad.

Generalmente, las enfermedades reumáticas no solo afectan al sistema musculoesquelético. También afectan a la sangre, a los órganos y producen múltiples alteraciones que generan más que nuevos síntomas. Esto se traduce en una alteración global y sistémica que requiere de un tratamiento multidisciplinar para tratar el cuadro sintomático.

Otras consecuencias producidas por la artritis reumatoide

La fatiga es un agotamiento o pérdida de energía que no calma con el descanso. En situaciones normales, un día intenso se soluciona con unas horas reparadoras de sueño. La fatiga que va vinculada a una enfermedad no se soluciona con mayor descanso. Aunque este es indispensable para controlar el brote y no agravar el proceso, no lo soluciona. Paradójicamente, el ejercicio ayuda a superar la fatiga. Es difícil iniciar una actividad física moderada en pleno brote reumático. Sin embargo, en los brotes, ayuda mucho al cansancio crónico por la producción de serotonina. El descanso reparador y una nutrición adecuada también se hacen indispensables.

Cuando el cuerpo está enfermo, se pierde o se gana apetito. Además, el sedentarismo obligado por los brotes puede originar un aumento de peso nada recomendable para la propia enfermedad. El sobrepeso hace que las articulaciones tengan que trabajar más al soportar más peso sobre ellas. Por eso, es necesario controlarlo. No hay que olvidar la fiebre leve. Esta aparece como mecanismo de defensa del cuerpo contra la inflamación.

La depresión asociada a las enfermedades reumáticas es difícil de comprender y de tratar. Es frecuente que aparezcan síntomas como insomnio o hipersomnolencia, labilidad emocional, tristeza, letargo en los movimientos, sentimiento de frustración. Los fármacos específicos para la depresión, el descanso y el ejercicio son la mejor receta para aliviar los síntomas, pero mantenerse concentrado en los aspectos positivos de la vida también ayuda.

Tratamiento general de la artritis reumatoide

El tratamiento del paciente diagnosticado de artritis reumatoide se centrará en:

  • Reducir la inflamación articular y la hinchazón
  • Disminuir el dolor con medicación y terapia analgésica
  • Mejorar la fatiga y los periodos de sedentarismo ayudando a mantenerse activo
  • Reducción de las limitaciones funcionales al máximo
  • Mejorar, en la medida de los posible, la calidad de vida

Se recomienda una higiene de hábitos saludables como un descanso mínimo de ocho horas diarias. La alimentación ha de ser rica en vitaminas y minerales. Por supuesto, el ejercicio moderado y frecuente en los períodos de ausencia de brotes también ayuda.

Tratamiento específico de la artritis reumatoide: fisioterapia

La fisioterapia se ha convertido en un pilar fundamental para el tratamiento de la artritis reumatoide. Dentro del equipo multidisciplinar que aborda este tipo de reuma, el fisioterapeuta ayuda a prevenir el deterioro de la artritis reumatoide. No solo se consigue disminuir el dolor y aumentar la calidad de vida, sino una mayor autonomía en sus AVD (actividades de la vida diaria), reducir deformidades articulares y mejorar su autoestima. En líneas generales, se puede aplicar en artritis reumatoide:

  • Corrientes eléctricas continuas (galvánicas) o interrumpidas o alternas, así como los TENS (corrientes suaves específicas para producir analgesia). Mientras que las primeras son principalmente para el dolor, las alternas producen leves contracciones musculares, lo cual favorece la tonificación muscular.
  • También se aplican dentro de la electroterapia: láser, onda corta y ultrasonidos. Estos últimos han de ser aplicados a través del agua y no directamente en las articulaciones si se trata de dedos de manos o pies para no producir sobrecalentamiento.
  • Contrastes de temperatura a nivel local de frío-calor-frío. También son frecuentes los baños de parafina (cera caliente) con envolturas en toallas calientes para preservar el calor profundo que llega a las articulaciones.
  • Movilizaciones pasivas y activas, así como ejercicios globales y más específicos para las articulaciones afectas. Según el nivel de afectación y el grado de autonomía y la edad del paciente, el fisioterapeuta guiará los ejercicios analíticos para trabajar todo el arco articular posible.
  • Masajes de tejidos bandos y técnicas de decoaptación articular. El objetivo es romper adherencias y bajar la inflamación, mejorando el metabolismo de los tejidos.
  • Estiramientos musculares de los miembros para producir elongación muscular, lo cual revierte en mayor amplitud de movimiento de las articulaciones.
  • Ejercicios isométricos o contrarresistencia leves para mantener la fuerza muscular.
  • Propiocepción suave de miembros inferiores para preservar el equilibrio y evitar posteriores caídas.

Las sesiones de fisioterapia han de ser suaves, indoloras y a días alternos. Solo así se evitará el empeoramiento de los síntomas en la agudización de los brotes.

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Sobre el autor Tery Logan

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