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¿Qué son los contratos de cero horas británicos?

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Dentro del mercado laboral siguen apareciendo nuevas figuras unidas a los conceptos de flexibilidad. Uno de los últimos casos es el de los contratos de cero horas que se aplican en Gran Bretaña y que no han parado de crecer en los últimos años.

Esta modalidad contractual no existe como tal en España, aunque como luego veremos, podría estar usándose de una forma encubierta.

Qué son los contratos de cero horas

El contrato de cero horas se aplica en Gran Bretaña, pero curiosamente no está regulado en su legislación. Se trata básicamente de un acuerdo entre un empresario y un trabajador en virtud del cual el empleador no está obligado a ofrecer al empleado un número mínimo de horas de trabajo a la semana. Por su parte, el trabajador no está obligado a aceptar las horas de trabajo que le ofrece el empresario. Pero no todos los contratos de este tipo son iguales, en la mayoría de los casos el empleado vinculado a un empresario mediante este acuerdo si se compromete a aceptar las horas de trabajo que le ofrezcan. Lo que en la práctica se traduce en tener una total disponibilidad para trabajar en cualquier momento.

En la mayoría de los casos el sujeto adquiere el estatuto legal de “trabajador” y por tanto tiene los mismos derechos laborales que cualquier otro empleado. Existe el derecho a tener un seguro de salud, una baja por maternidad, a percibir una remuneración acorde con el salario mínimo nacional (atendiendo al total de horas mensuales trabajadas) y a tener vacaciones. Lo que no suele haber es derecho a cobrar la paga en los casos de baja laboral por enfermedad.

Lo que sí se exige legalmente es que los trabajadores reciban por escrito una copia de sus condiciones de empleo: horas de trabajo, remuneración, frecuencia de pago, etc. Esta declaración no es el contrato en sí mismo, pero sirve de prueba de que existe una relación laboral entre las partes.

¿Cuándo se usan estos contratos?

Los contratos de cero horas se usan principalmente para cubrir puestos vacantes temporalmente. Su objetivo es aportar flexibilidad al empresario a la hora de ajustar la plantilla a las necesidades de cada momento.

En Gran Bretaña se han convertido en la piedra angular del sector servicios y con frecuencia son firmados por trabajadores emigrantes. Los usan grandes empresas como McDonalds, que en 2013 confirmó que hasta el 90% de su plantilla en el país tenía un acuerdo laboral de este tipo.

 

Ventajas de los contratos de cero horas

  • En tiempos de crisis estos contratos han permitido mantener muchos puestos de trabajo.
  • Aportan flexibilidad a los empresarios.
  • Para los inmigrantes que apenas conocen el idioma es una buena manera de entrar en el mercado laboral.
  • Se pueden compaginar con otros empleos.

Desventajas de los contratos de cero horas

  • Son un foco de inestabilidad laboral.
  • Dificultan todavía más el acceso a un puesto estable y de calidad a ciertos colectivos como los extranjeros y las mujeres.
  • Exigen plena disponibilidad del trabajador sin darle ninguna certidumbre sobre si va a trabajar y cuánto va a cobrar.

La polémica en torno al contrato de cero horas

Esta figura contractual no está exenta de polémica y desde hace ya varios años las quejas de los trabajadores son cada vez más frecuentes.

La práctica ha demostrado que esta alternativa para tener un empleo puede dar lugar a “trabajadores empobrecidos”, es decir, población activa que tiene un empleo pero cuyo salario no es suficiente para cubrir sus necesidades más básicas.

En este sentido, la Oficina Británica de Estadística destacó hace unos años que el 14% de los trabajadores británicos que tenían un contrato de este tipo denunciaban no tener una carga de trabajo suficiente y que por tanto no obtenían los ingresos necesarios.

Además, los propios afectados señalan que en la mayoría de los casos el empleador exige una disponibilidad absoluta para poder trabajar de un día para otro y a cualquier hora, lo que hace muy difícil poder compaginar este tipo de empleo con cualquier otro.

Muchos expertos en relaciones laborales coinciden además al apuntar que los contratos de cero horas son incompatibles con la conciliación. ¿Cómo va organizarse alguien para cuidar de sus hijos, para seguir estudiando, o incluso para planificar actividades de ocio, si no sabe en qué momento va a tener que ir a trabajar?

Contratos de cero horas en España

España no es ningún ejemplo de estabilidad laboral y en más de una ocasión nuestros legisladores han echado la vista alrededor para buscar nuevas fórmulas de flexibilización del mercado laboral.

Ocurrió por ejemplo con los minijobs, sobre cuya posible implantación se estuvo discutiendo durante unos meses en los años más duros de la crisis económica. Al final todo quedó en nada y a día de hoy los minijobs en España tienen poco o nada que ver con el modelo alemán. Puedes saber más sobre este tema leyendo nuestro artículo “¿Qué son los minijobs?”

Volviendo al tema de los contratos de cero horas, lo cierto es que hasta el momento nadie ha hablado de ellos en nuestro país. Quizá por la polémica que los ha precedido en Gran Bretaña y la mala fama que se han ganado.

Pero aunque esta figura legal no exista en nuestro ordenamiento jurídico, son ya muchas las voces que denuncian que en cierta media los contratos de cero horas en España se están aplicando de forma encubierta. La explicación es sencilla, las empresas que operan en nuestro país no pueden recurrir al contrato de cero horas, pero usan los contratos de corta duración para conseguir una flexibilidad semejante. La realidad nos muestra que en los últimos tiempos la celebración de contratos de 15 días o incluso de menos de una semana es una práctica frecuente.

FEDEA, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, presentó en 2017 su estudio “Recent trends in use of temporary contracts in Spain”, en el que analizaba la situación del mercado laboral español.

Aunque no existen datos oficiales (la EPA no los recoge) los expertos creen que los contratos temporales de duración inferior a la semana se han multiplicado por tres en los últimos años. Afectando incluso a sectores como el de las manufacturas, que tradicionalmente han sido fuente de puestos de trabajo estables.

Los expertos denuncian que la temporalidad en el empleo se agrava cada vez más. Los contratos temporales ya no son una plataforma para entrar en la empresa y poder optar a un puesto más estable, sino que los trabajadores se ven obligados a encadenar contratos temporales en diferentes empresas sin llegar a conseguir uno indefinido. Esto agrava la desigualdad social y tiene una influencia directa en las pensiones.

Mientras que hasta hace unos meses el contrato temporal estándar en España era de unos tres meses, en la actualidad lo que prima son las contrataciones de apenas unos días. Esto permite hablar de un alto volumen de contratación, que sin embargo no se traduce en una reducción significativa del desempleo. A efectos prácticos los trabajadores están entrando y saliendo constantemente de las estadísticas de desempleo.

Como muestra nada mejor que recurrir a los datos oficiales. Según los datos del Servicio Público de Empleo Estatal, uno de cada cuatro contratos firmados en julio de 2017 tuvo una duración inferior a una semana. Esto implica un 23,8% de los contratos celebrados y no es algo puntual, casi un tercio de los contratos celebrados durante el mes de agosto también duraron menos de una semana.

¿Hacia un nuevo modelo de relaciones laborales?

Nos guste o no la realidad nos demuestra que la precariedad laboral ha llegado para quedarse. De hecho, en muchas ocasiones se ve dicha precariedad como un mal menor (mejor celebrar 20 contratos temporales en un año que estar sin trabajar).

Pero los expertos ya apuntan a que este nuevo paradigma laboral causará profundos cambios en la forma en la que se entienden las relaciones laborales. El “trabajo para toda la vida” ya no es más que una fantasía. Es más, la mayoría de los jóvenes no se ven trabajando en un mismo sitio durante toda su vida laboral.

Las estructuras laborales y sociales actuales están basadas en que la masa social más grande (los trabajadores) vendían su fuerza de trabajo a cambio de unos ingresos regulares. Cuando esos ingresos regulares pasan a ser algo inestable, es inevitable pensar que todo el sistema se está viendo afectado. Lo vemos a diario, con trabajadores cuyo sueldo no les permite satisfacer sus necesidades más básicas o con pensiones de jubilación que cada vez es más difícil pagar.

¿Qué se puede hacer frente a la temporalidad?

Los Poderes Públicos son conscientes de que la temporalidad es un gran problema y en algunos países ya se están tomando medias. En Francia, por ejemplo, una nueva reforma legislativa va a limitar la contratación temporal para ciertos puestos.

Para evitar el abuso al que muchas veces se somete a los becarios, en Alemania hay una implicación mucho más fuerte de los centros educativos a la hora de hacer el seguimiento de las tareas que están realizando los estudiantes mientras llevan a cabo sus prácticas en empresas.

Las políticas activas de empleo también son esenciales, pero no deben centrarse únicamente en que una persona consiga un trabajo, sino en procurar que cada empleado pueda encontrar el puesto para el que está verdaderamente capacitado. Algo similar ya se está llevando a cabo con buenos resultados en Guipúzcoa.

Pero no todo depende del ámbito público, también las empresas tienen que poner de su parte. Hay que dejar atrás las viejas fórmulas de competitividad basadas en obtener trabajadores al precio más bajo posible y apostar por una productividad de calidad basada en el talento de los recursos humanos.

¿Qué pueden hacer los trabajadores? Seguir adaptándose al entorno y a lo que buscan las empresas. Hay que asimilar que el mercado de trabajo ya nunca será como lo era hace 30 años y eso tendrá sus cosas buenas y sus cosas malas.

Las empresas con proyección de futuro buscan empleados que disfruten de la experiencia de trabajar y estén dispuestos a aportar lo mejor de sí mismos. Los jefes han dado paso a los líderes y ahora la plantilla se concibe como un verdadero equipo de trabajo en el que si cada uno pone de su parte será posible cumplir todo tipo de objetivos.

Tampoco está de más apostar por la mentalidad emprendedora. En un entorno en el que es complicado encontrar un puesto de trabajo estable y a veces hasta uno inestable, es momento de agudizar el ingenio y dar el paso de emprender. Medidas como la tarifa plana de 50 € para nuevos autónomos y los préstamos ICO pueden ser de gran ayuda para dar los primeros pasos.

Si estás pensando en montar tu propio negocio, te puede interesar seguir leyendo “Ayudas para autónomos 2018. ¿Qué subvenciones e incentivos fiscales hay?”

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Sobre el autor Mayka Jimenez

Experta en Derecho, marketing digital y Redes Sociales. Me encanta escribir ¡y leer!

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