Despido procedente: 25 cosas por las que os pueden echar del trabajo

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No están los tiempos como para andar haciendo el bobo en el trabajo, ¿verdad? Los despidos cada día salen más baratos y las contrataciones no es que estén por las nubes, así que más os vale saber con certeza qué es lo que un empresario podría emplear contra vosotros para despediros legalmente. ¿Interesante? Pues en esta ocasión vamos a ver qué es justificativo de un despido procedente.

¿Qué puede provocar un despido procedente?

  • La puntualidad es clave

    Si alguna vez llegáis tarde porque os habéis dormido o porque habéis pinchado la rueda de camino al trabajo no pasará nada; a fin de cuentas a todos nos ha pasado. Ahora bien, otra cosa muy diferente es que os pase esto con frecuencia y que los mordiscos al reloj de la empresa se conviertan en vuestro modus operandi.

    En estos casos se da varias oportunidades al empleado dándole avisos y sanciones leves; pero la cosa se puede complicar de sobremanera hasta llegar a un despido procedente. Y sed conscientes de que esto no es para nada una excepción, pues está entre las causas más corrientes de despidos disciplinarios. ¿Os la queréis jugar? Pues entonces ya sabéis, a apechugar con el horario y a comprarse un buen despertador. Aparte, claro está, de que tendréis que tener siempre en mente el conocido dicho “noches alegres,mañanas tristes”. Más real de lo que parece.

  • Cuidado con responder a los superiores

    Hay jefes que son unos *****, lo se. Pero así es la vida, hay buenas personas, malas personas, gente cruel, gente amable y considerada, individuos sin vergüenza alguna, etc. Así que si os toca un jefe de los malos, de aquellos que no escuchan a los empleados y que los tratan como escoria, lo mejor que podéis hacer es iros de allí. Buscad una empresa donde las relaciones sean respetuosas.

    Si respondéis de mala gana al jefe de turno o al empresario os podréis encontrar con que os metan una sanción disciplinaria o, si la respuesta ha sido desproporcionada, un despido; que por o general suelen ser procedentes. Y bueno, la cosa no queda ahí, ya que si llegáis a agredir físicamente al superior y este resulta lesionado os meteréis en un problema mayor que el mencionado.

  • Tomaros en serio todas las órdenes

    A veces os podréis encontrar con que el jefe os de una orden que, bajo vuestro punto de vista, es ridícula. También podría darse el caso de que no fuera la más idónea atendiendo al contexto. ¿Qué haríais en un caso así? Por lo general la gente acataría las órdenes; y de hecho es lo que os recomiendo en la mayoría de casos.

    Si hacéis caso omiso a lo que os diga el jefe podríais enfrentaros a un despido procedente. Aunque eso sí, hay salvedades donde la decisión del trabajador de no acatar la orden tiene validez legal. Generalmente se da esta circunstancia cuando la orden obligue a hacer algo ilegal o cuando se pueda ver afectada la imagen del empleado.

    Obviamente no podréis demeritar las órdenes de un superior porque este sea más joven o por asuntos tales como la raza, el sexo y demás

  • No cojáis cosas que vayan a la basura

    Sí, como suena. Muchos pensarán que una vez tirado un producto a la basura ya no tiene nada que ver con la empresa, ¿verdad? Pues no, y de hecho conozco el caso de dos personas que despidieron de una multinacional textil por esto mismo. Tened en cuenta que los objetos son propiedad de la empresa hasta que se depositan en un contenedor público. Si están en uno interno, ¡ni tocarlos!

    Os preguntaréis quién haría esto, ¿no? Pues ya os digo que muchos, teniendo en cuenta que las empresas a veces tiran productos cuando tienen una pequeña tara. Y sí, cierto es que podríais recurrir el despido procedente, pero en casos así la jurisprudencia no queda a vuestro favor.

  • No divulguéis información confidencial

    Dependiendo del trabajo que tengáis es posible que os hagan firmar un acuerdo de confidencialidad, con lo que ya sabéis a lo que os arriesgáis si decís algo delicado de la empresa por ahí fuera. Pero, ¿y si no tenéis ese acuerdo? Pues tres cuartas partes de lo mismo. Se respeta la buena fe contractual, por la cual los empleados se comprometen a no dañar voluntariamente la imagen de la compañía y las acciones comerciales y económicas.

    En resumidas cuentas, que si os pillan soltando información delicada de la empresa podrán despediros. Y si encima os lucráis con ella la cosa podría empeorar.

  • No os metáis en peleas con los compañeros

    Es bastante obvio, ¿no? Si os encontráis con el típico abusón no lo toquéis. Se que a veces puede ser complicado controlarse, pues hay cada uno que vaya; pero es lo que buscan. Si les pegáis o agredís físicamente de alguna manera os enfrentaréis a un despido procedente y, lo que es peor, a una posible indemnización por daños. ¿Os imagináis pagando una dentadura nueva al lerdo que siempre os hace la vida imposible? Pues eso. Es mejor recabar pruebas y provocar la expulsión del individuo en cuestión. Más info en: acoso laboral.

  • Las faltas siempre deben ir justificadas

    Si llegáis tarde o faltáis un día debéis justificar la razón. Por ejemplo con un certificado de defunción si es por esta razón, con un certificado médico, etc. Siempre debe estar todo explicado por escrito, ya que de otra manera podríais veros ante un despido procedente.

    Y por cierto, aún con los papeles en regla existe la posibilidad de realizar un despido si el número de ausencias ha sido elevado (obviamente hay casos que se saltan este punto, como son los tratamientos de cáncer y similares).

    No os perdáis el post “Despido por faltas de asistencia al trabajo justificadas“, os lo contamos al detalle.

  • Competencia desleal

    En la mayoría de ocasiones no hay problema en que tengáis un segundo trabajo o en que montéis un negocio por vuestra parte. Pero claro, como comprenderéis no es nada ético hacerlo mientras hacéis competencia directa a la empresa. ¿No os parece? Imaginad que trabajáis como cajeros en Leroy Merlin y de manera paralela os montáis un negocio de asesoría a empresas de ferretería contando cómo arrasar comercialmente a vuestra firma.

    Además de que os estaréis ganando un despido procedente podríais encontraros con que os demanden por varias cosas: revelación de información confidencial, competencia desleal, etc. Y cruzad los dedos para que la empresa no haya perdido dinero con esta situación…

  • Abuso de confianza

    ¿Conocéis el dicho este de “no muerdas la mano que te da de comer”? Pues en el mundo de la empresa está más al día que nunca. No seáis tan desconsiderados de aprovechar en beneficio propio la confianza o cariño que os pueda tener el empresario. Si viciáis esta relación hasta hacer lo que os venga en gana os podríais encontrar nuevamente con un despido procedente. ¿Y sabéis qué es peor? Que además del despido probablemente os llevaréis la enemistad de por vida del empresario, que podría ser un viejo amigo de la familia, alguien que os ayudó en un momento duro o incluso un familiar o amigo. No os la juguéis.

  • Vagancia

    Uno de los mayores problemas que tienen muchos empleados es que están ocupando puestos que no les satisfacen; que soportan más que nada por el dinero calentito a final de mes. ¿Sabéis cuáles el problema de esto? Que con el tiempo la gente que no disfruta con su empleo tiende a rendir menos y menos. La pasión se apaga, las ganas se van y cada día el trabajo se cumple más forzadamente. Al final no se llega a los estándares del inicio de la relación laboral, decae estrepitosamente la producción o empeora su calidad, y el trabajo en general se va a garete.

    Seguro que conoceréis personas que en sus trabajos hacen lo menos posible para ganar la nómina, y además más de uno estará metido en esta espiral de hartazgo. Y bueno, si bien es cierto que aquí el empresario podría echar una mano en cuanto a la motivación se refiere, no es lo mas frecuente de ver. Estamos frente a una causa de despido justificado, así que si os encontráis en este contexto pensad en cambiar. Sea buscando otro empleo, pidiendo un cambio de funciones o viendo cómo quitaros esa desgana de encima.

  • El alcohol y las drogas no tienen cabida en el trabajo

    ¿Acaso hay alguien que piense que yendo borracho o drogado al trabajo no va a pasar nada? El propio Estatuto de los Trabajadores indica esto es motivo de sanción. Y si elempleado en cuestión desempeña sus funciones en puestos especialmente críticos, es motivo de despido fulminante. Son los casos de los conductores, técnicos de gas, empleados de atención al cliente, personal sanitario, guardias de seguridad, etc.

    Como comprenderéis, la solución a esto es sencilla: no hacer el bobo. ¿Qué necesidad hay de llegar así al trabajo? Antes de eso es mejor no presentarse, las consecuencias serán menores y no pondréis en riesgo la vida de las personas y/o la reputación y activos de la compañía.

  • Acoso sexual

    Como podréis imaginar el acoso sexual es causa directa de despido; además de que quien a pone en práctica podría vérselas en los tribunales. Y que conste que aquí no solo me refiero a manosear a compañeras/os, sino a vociferar marranadas, hacer gestos obscenos e incluso decir piropos (por muy inofensivos que sean).

    Los tiempos han cambiado y lo que antes era parte de nuestra cultura a día de hoy es más propio de una guía de aberraciones sin justificación. No seáis neandertales y no os pongáis en estas. Recordad que el respeto a los demás debe estar por encima de todo.

  • Acoso laboral (mobbing)

     

    En su momento ya hablamos del mobbing o acaso laboral, una lacra que está presente en muchas empresas del país. Si os parece divertido meteros con los compañeros por su orientación sexual, religión o ideas; o si simplemente lo hacéis por quitároslos de encima; mejor que volváis a las cavernas con los neandertales y con quienes en el punto anterior se dedicaban a tocar culos. ¿Sabéis que hay gente que entra en depresión por este tipo de situaciones? De hecho incluso ha habido suicidios.

    Si hay algo que no os guste de un compañero habladlo respetuosamente con él o, en su defecto, con el empresario. Pero el acoso nunca es la solución. Seamos civilizados.

  • Promover una mala imagen de la empresa

    Hay trabajadores que cuando se ”queman” en la empresa donde trabajan empiezan a hablar pestes de la misma; a veces incluso a clientes. Eso afecta a la buena fe contractual, donde el trabajador se compromete a no afectar deliberadamente al contratante. Vamos, que es causa de despido procedente.

    Y por cierto, si esa mala imagen emanada de las palabras o actos del trabajador afectan a la actividad comercial de la compañía (es decir, si pierde clientes por su culpa), el trabajador podría verse en el apuro de tener que indemnizar a la empresa. Y sí, si no tiene patrimonio como para hacer frente a esta situación un juez podría embargarle.

    Así pues, mejor estar calladitos. ¿Verdad? Si no estáis a gusto lo mejor es buscar otro empleo.

  • Falta de adaptación

    Al entrar a una empresa es normal que los trabajadores se sientan perdidos. El modo de hacer las cosas es diferente, las exigencias pueden ser mayores, las máquinas pueden funcionar de otra manera, etc. Hay muchas cosas que cambian. Pero, ¿qué pasa cuando pasado un tiempo prudencial se ve claramente que el trabajador no es capaz de adaptarse al puesto de trabajo? Si en su momento firmó un contrato temporal no se le renueva, y si tiene un periodo de pruebas aún en vigor, se le rescinde el contrato. Peor, ¿y si tenía un contrato indefinido con el periodo de pruebas finiquitado? Queda la posibilidad del despido procedente.

    Hora bien, en este contexto el empresario tiene un problema evidente: ¿por qué no despidió el empresario al trabajador en su periodo de prueba? El no haberlo hecho podría acarrearle complicaciones para justificar un despido así. Pero claro, ¿y si no había en el contrato periodo de prueba? Pues ahí la cosa es mucho más sencilla.

    Otra variante de este tipo de despido procedente se da cuando el empleado no es capaz de adaptarse a las nuevas tecnologías y/o ambiente que va llegando a la empresa. De hecho es una de las razones del desempleo entre personas de más de 50 años.

  • Las normas están para cumplirlas

    Cuando se firma un contrato de trabajo generalmente se están aceptando las normas internas de la empresa. Reglas de funcionamiento que equivalen a las instrucciones directas del empleador y que deben ser cumplidas por el trabajador. En caso de que así no sea el empleado podría verse sancionado e incluso despedido. Anda que no hay juicios abiertos por este tipo de razones…y además con resultados para todos los colores.

    Ahora bien, como os indicaba en los primeros puntos, hay órdenes (o normas en este caso) que podrían ser inválidas. Producto de alguna fantasía capitalista del empresario. Os pondré un par de ejemplos.

    Imaginad que dentro del pliego de normas de una empresa hay una que dice que los trabajadores aceptan hacer horas extraordinarias cuando el empresario lo considere necesario; sin haber razón justificada para ello. ¿Adivináis qué pasaría aquí? Sencilla y llanamente que no puede ser. El Estatuto de los Trabajadores y el convenio aplicable a la empresa en cuestión lo impiden.

    Ahora imaginad que la normativa de otra empresa indica que los musulmanes no pueden acudir a mezquitas en su tiempo libre. Es obvio que la empresa no tiene capacidad legal para regular quién puede y quién no puede profesar activamente una religión. De hecho esto no podría darse ni con los empleados de un obispado. Recordad que uno de los principios de la Constitución Española de 1978 es precisamente este, el de la libertad religiosa.

  • Si las ventas bajan id preparándoos

    Si el empresario o alguna pieza importante del organigrama de la empresa está fallando y las cuentas se ven afectadas, comenzad a temblar. Legalmente el empresario, si entra en números rojos, podría prescindir de los trabajadores que, desde un punto de vista económico, sean innecesarios. También puede darse esta situación si durante tres trimestres consecutivos las cuentas demuestran que la empresa ha ido disminuyendo sus beneficios.

    También os comento que ha habido casos de empresarios que han falseado las cuentas o han vendido menos a propósito para quitarse de encima a este o a aquel empleado. Algo que obviamente invalidaría un despido y acarrearía sanciones para el listo de turno.

    De todas maneras, si el despido procedente viene por esta vía, deberán avisaros como poco con 15 días de antelación; dándoos además seis horas semanales retribuidas para encontrar otro empleo.

  • Falta de respeto por las medidas de seguridad reglamentarias

    Si vuestro trabajo implica que cada dos por tres debéis estar en situaciones riesgosas estaréis obligados a cumplir con las medidas de seguridad. Es lo que pasa por ejemplo en los sectores de la construcción, de la limpieza industrial, del transporte o de la pesca. Algo que por cierto afecta a muchos empleos.

    Cierto es que el empresario está obligado a formaros al respecto y a entregaros los Equipos de Protección Individual; pero si hacéis caso omiso a todas las instrucciones, señalizaciones, manuales y llamados de atención por parte de superiores y compañeros, estaréis poniendo en riesgo vuestras vidas y las de los demás. Como comprenderéis esto es motivo justificado para un despido procedente. Y además de los fulminantes.

    Mejor quedarse sin trabajo que sin vida o sin una pierda, ¿verdad?

  • Ineptitud

    A pesar de que pueda sonar anecdótico, un despido por ineptitud es legal. Ahora bien, el empresario debe demostrarlo claramente. ¿Cómo? Ahí está lo complejo del asunto. En muchas ocasiones es a raíz del escaso aprovechamiento por parte de los empleados de la formación dada; aunque más habitualmente suele venir derivado de las quejas de los clientes al no saber el trabajador hacer correctamente las tareas encomendadas.

    Esto, en muchas ocasiones, está relacionado con la desidia o vagancia; de la que os hablaba más arriba.

  • Tratar mal a un cliente

    Hay clientes que dan ganas de llorar; sea porque son desagradables, ofensivos, tacaños, mal educados o cualquier otra cosa que pueda ser estridente o estresante. Pero, ¿sabéis qué pasa aquí? Que si cedéis a su temperamento y se os cruzan los cables vuestro puesto podría estar en serio peligro. Pase lo que pase no podéis tratar mal estos, pues sería algo que iría en contra de los intereses de la empresa.

    Ahora bien, si os encontráis con un cliente insultándoos o acosándoos por vuestra orientación sexual, sexo, religión, raza o similares, debéis hablar con calma aclarandole que os está ofendiendo. Si persiste lo mejor que podéis hacer es dejar la conversación donde está y dar parte al empresario o inmediato superior. Generalmente estos suelen responder en favor del trabajador. De todas maneras tened en cuenta que siempre tendréis la vía judicial.

    En resumen: si os encontráis con un personaje de estos no les sigáis el juego. No os alteréis y, como era de esperar, no les agredáis. Es una causa de despido justificado.

  • No asearse

    Vale que un día no os bañéis porque os da pereza, pasa que un par de días no lo hagáis porque os da más pereza, pero si seguís así durante 30 días, y encima tenéis un empleo en el que tenéis que estar constantemente junto a otras personas, mal vamos. No es extraño encontrarse en las empresas con quejas de empleados al respecto, pues el listo de turno ha pensado que es más cómodo no asearse y vivir la vida loca.

    Pues bien, la empresa, en estos casos, puede llamar la atención al empleado díscolo; y si se tercia hasta sancionarle. Si sigue en sus trece cabe la posibilidad de un despido procedente. ¿Qué os parece? Merece la pena ir limpio al trabajo, ¿verdad? Tened en cuenta que no solo estamos hablando de vosotros, sino también de vuestros compañeros e incluso delos clientes; que no tienen necesidad alguna de soportar esto.

  • Falta de civismo

    Este punto es de cajón, pero aún hay quien se sorprende cuando se lleva una amonestación de la empresa por tirar basura en cualquier parte de la empresa, por dar golpes a una fotocopiadora que funciona mal, por ponerse a fumar donde está prohibido, por hablar a grito pelado molestando a todo el mundo o mismamente por destrozar lo primero que se encuentra ante un enfado.

    Si en alguna ocasión habéis hecho cosas por el estilo y no os han pillado mucho ojo con volver a repetirlo, ya que las amonestaciones y un posible despido procedente estarán siempre revoloteandoos por la cabeza

  • Cambios técnicos

    Una de las razones más impopulares que pueden dar cabida a un despido procedente es la de las razones técnicas. Y es que podría darse la situación de que una empresa ya no necesitara a un operario para manejar una máquina que ha sido sustituida por robots o software. De hecho es algo que a lo largo de los próximos años dará mucho de que hablar entre la sociedad, pues la automatización es un tren que ha traído el progreso y la modernidad.

    La solución en este tipo de casos pasa por reciclarse y moverse a profesiones y oficios que, con la llegada de las nuevas tecnologías, tendrán el empleo asegurado. ¿No sabéis por donde tirar? Os recomiendo que echéis un vistazo a nuestro libro electrónico “¿Hay trabajo en un futuro exponencial?”, donde os lo decimos. Os doy una pista, los cursos de community manager cada vez tienen más aceptación en las empresas.

  • Cambios organizativos

    Aquí pasa algo parecido al punto anterior, pero con la salvedad de que los cambios serán por razones organizativas. Os pondré un ejemplo: imaginad que trabajáis en una empresa que fabrica tuercas en Málaga y que un buen día el Consejo de Administración considera que es mucho más rentable llevarse la fábrica a Nicaragua, China o Vietnam. ¿Qué pensáis que va a pasar con vosotros? Pues sí, eso es, que quedaréis en la calle. Y además con un despido procedente; que en este caso sería colectivo.

    La solución pasa por moverse rápido e ir mirando otras empresas, ya que de cara a la decisión de los accionistas poco podréis hacer.

  • Vestuario incorrecto

    Finalmente os comento otra de las tantas razones por las que os pueden hacer un despido procedente: la ropa. ¿La empresa tiene un código de vestimenta establecido? Pues no os quedará otro que cumplirlo. Podría darse el caso de que no fuese adecuada la ropa, en cuyo caso tendríais que comunicárselo al presidente del comité de empresa para que tomara las medidas oportunas, pudiendo incluso llevar a juicio al empresario para que un juez disponga. Si no hay comité de empresa haced una denuncia anónima a la Inspección de Trabajo.

    Pero vamos, que esto se da en casos donde la vestimenta oficial es insegura o denigratoria. No es lo habitual, así que por lo general no os quedará otra que apechugar.

    Si la empresa no tiene un uniforme establecido, pero sí un código de vestimenta más laxo, también tendréis que ceñiros. Por ejemplo, si dices “ropa formal”, no vayáis en chándal. Os podríais llevar una amonestación y, de repetir, incluso un despido procedente.

    Y bueno, si no hay nada relacionado con la vestimenta, también podría haber problemas si vais con ropas claramente no adecuadas. Por ejemplo no vayáis a ir en traje de baño porque tenéis pensado ir después a la playa; o con un traje rosa si trabajáis en banca. Es de sentido común, ¿no os parece?

Lectura recomendada: “En qué casos se puede perder el paro“.

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Sobre el autor Jon Sainz

Programador industrial, blogger profesional y Coordinador de Contenidos de Cursos.com.

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