Herpes: ¿qué es? Síntomas, cura, tratamiento y recomendaciones en nuestro curso/guía

Tags:

El herpes es una de las enfermedades más comunes que existen en la actualidad. Su incidencia es tal que se cree que aproximadamente dos tercios de la población mundial están afectados por algún tipo de herpes. Es más que probable que hayas experimentado los síntomas de esta enfermedad en alguna ocasión: el más habitual son las clásicas ampollas en los labios que causa una de sus variedades,  ampollas que la tradición popular de nuestro país ha apodado con el castizo (y acertado) término de “calenturas”. Si quieres saber en qué consiste exactamente esta afección, qué variedades son las más peligrosas, cuáles son sus causas, qué tratamientos seguir y cómo prevenirla, no te pierdas este completo artículo.

Con respecto al herpes, en general tenemos poca información. Y la que tenemos es bastante confusa. Hay quienes piensan que se trata de algún tipo de alergia al frío o una reacción a la fiebre; también se suele pensar que lo provoca una bacteria, o que una vez eliminados los síntomas la enfermedad desaparece el organismo. No es así: en realidad se trata de una infección viral, que una vez contraída puede permanecer en estado latente durante toda la vida de la persona afectada. Lo que sí está en nuestras manos es tratar sus síntomas e impedir que el virus se active, saliendo de su estado latente para provocar la enfermedad.

Tipos de herpes

Esta molesta afección se manifiesta a través de infecciones cutáneas, producidas por un virus DNA. Aunque el virus que la produce es de un solo tipo, dentro de esta familia existe una gran variedad de subtipos de virus que causan las diferentes variedades de herpes. Es importante ser consciente de esto, porque si bien algunos tipos de herpes causan infecciones leves, otros pueden generar enfermedades más graves. Los ocho grandes grupos de herpes conocidos que afectan a los humanos son: el virus herpes simple (VHS) tipo 1 y tipo 2, el virus Varicela Zóster (VVZ), el citomegalovirus (CMV), el virus herpes humano tipo 6 (HHV-6), el herpes tipo 7 (HHV-7), el virus de Epstein Barr (EBV), y el herpes tipo 8 (HHV-8).

De estos ocho tipos de virus, los más habituales son el tipo 1 y el tipo 2. El herpes zóster también es una enfermedad a tener muy en cuenta, ya que puede causar afecciones muy graves e incluso la muerte de la persona afectada. Vamos a ver en qué consiste cada tipo.

Herpes Tipo 1

Como comentábamos al principio, el herpes tipo 1 es el más conocido por su incidencia en la población. En el año 2015, la Organización Mundial de la Salud estimó que el 67% de la población mundial está afectada por el tipo más común de herpes, el herpes simple. Lo desencadena el virus VHS-1, que es el que causa aproximadamente el 80% de los herpes que afectan a lo que en términos médicos se conoce como región orofacial (labios y boca). Es probable que alguna vez hayas padecido herpes labial: se calcula que afecta al 45% de la población mundial. Aunque lo normal es que las lesiones producidas por el virus aparezcan en labios, boca y la zona periférica, en ocasiones pueden surgir también en otras zonas del cuerpo.

Herpes Tipo 2

El herpes tipo 2 lo causa el virus VHS-2, responsable de alrededor del 80% de los brotes que aparecen en la zona genital. Está catalogado como ETS (enfermedad de transmisión sexual) y se manifiesta mediante lesiones similares a las causadas por el herpes tipo 1 en los labios. Este tipo de herpes es bastante menos preocupante; según datos de la Organización Mundial de la Salud, se estima que aproximadamente el 11% de la población mundial está afectada por esta enfermedad de tipo viral.

Herpes Zóster

El herpes zóster lo causa uno de los virus más conocidos: el de la varicela. Prácticamente todas las personas de generaciones pasadas sufrimos esta enfermedad de niños, y a día de hoy todavía hay cientos de casos entre los más pequeños. Si bien no es una afección preocupante, el virus de la varicela-zoster permanece latente en el organismo una vez superada la enfermedad y puede volver a activarse. Es entonces cuando hablamos de herpes zóster, también conocido como “culebrilla” o “fuego de San Antonio” por los síntomas que presenta (vesículas que se disponen en forma de hileras curvas, y que producen picor y ardor intensos). Esta afección se manifiesta en aproximadamente el 20% de la población, principalmente en personas mayores de 60 años (aunque puede darse a cualquier edad).

¿Cuáles son las causas del herpes?

La causa de los distintos tipos de herpes es la misma, como acabamos de ver: una infección viral. Lo que en este caso nos preocupa es cómo pueden llegar esos virus hasta el organismo y desarrollar la enfermedad. Son virus que se transmiten por la piel, la saliva y por contacto sexual. Con respecto al contagio de estos virus, es importante tener en cuenta que la infección se puede producir tanto durante la fase sintomática de la enfermedad (cuando se producen las lesiones) como durante el estado latente del virus. Es decir: si una persona está infectada del virus y no lo sabe (al no haber desarrollado los síntomas de la enfermedad), también puede transmitirlo.

¿En qué consiste el estado de latencia de estos virus? En el caso del virus tipo 1 y el virus tipo 2, se alojan en los ganglios sensitivos de los nervios y permanecen allí en estado latente. Cuando se dan determinadas condiciones estado de estrés, bajada de defensas, radiación solar UV, gripe…), el virus se activa y produce unas lesiones cutáneas determinadas. En el caso del herpes zóster, el virus se aloja en los mismos ganglios una vez padecida la enfermedad de la varicela. Allí puede permanecer latente durante décadas.

El herpes también puede desencadenarse por procesos relacionados con enfermedades que comprometen el sistema nervioso, como la diabetes. Si quieres saber más sobre la diabetes tipo 2, consulta nuestro curso/guía para saber qué es, cuáles son sus síntomas y los posibles tratamientos.

Síntomas del herpes

Los síntomas de los distintos tipos de herpes aparecen en zonas de piel y en mucosas. Cuando estos virus se activan o reactivan, la persona afectada experimenta lesiones cutáneas que toman la forma de ampollas conocidas como “vesículas”. Junto con la aparición de dichas vesículas, se suele desencadenar fiebre y mal estado general.

  • Herpes tipo 1. Este herpes se manifiesta sobre todo en la zona labial. Causa ampollas transparentes, de color claro y llenas de líquido, que producen primero una intensa sensación de picor y más adelante escozor. Estas vesículas aparecen agrupadas, lo que en términos médicos se suele definir como “en racimo”. Con el paso de los días las ampollas se convierten en pústulas o úlceras (heridas) que terminan por generar una postilla (costra sero-hemática).
  • Herpes tipo 2. Al igual que el buco-labial, el herpes genital puede ser asintomático o manifestarse en las mucosas genitales y la piel. Su presencia se detecta por la aparición de balanitis (inflamación del glande), vaginitis o vulvitis, todas ellas muy dolorosas.
  • Herpes zóster. El herpes zóster también se manifiesta mediante vesículas arracimadas. En estos casos su incidencia puede ser muy intensa, llegando a causar úlceras muy dolorosas que adoptan un color rojo intenso. Las vesículas suelen aparecer sobre todo en las regiones torácica, lumbar y abdominal.

Diagnóstico: varias posibilidades

Esta afección es fácil de detectar, ya que las lesiones aparecen pronto y son molestas y muy visibles. En el caso del herpes tipo 2, cuando no aparecen vesículas en la zona genital su presencia se puede detectar por una sensación de ardor intenso durante la micción (cuando se orina). Para saber con seguridad si tenemos o no el virus del herpes, es imprescindible realizar pruebas médicas que nos darán un diagnóstico exacto. Para ello, el médico extraerá muestras de las vesículas, la sangre o cualquier mucosa o secreción corporal, a partir de las cuales se realizará un cultivo viral. Dicho cultivo indicará si el virus VHS se encuentra implantado en el organismo.

Los casos de herpes de mayor gravedad son los que afectan al sistema nervioso, aunque no son frecuentes. En estos casos, la prueba diagnóstica consiste en una punción lumbar en la que se extrae líquido cerebral. La prueba se encarga de detectar la presencia del virus en dicho líquido. Hay otros métodos para diagnosticar la enfermedad mediante pruebas de imagen, como tomografías o resonancias magnéticas.

Tratamientos médicos

El herpes tipo 1, el más frecuente, es tan fácil de diagnosticar como de tratar. Lo normal es que no sea necesario acudir al médico, a no ser que las vesículas (las populares calenturas de los labios) sean muy grandes y/o dolorosas. En la farmacia podemos encontrar una amplia gama de medicamentos de venta libre que ayudan a combatir los efectos del virus, paliar el dolor y acelerar el proceso de cicatrización de las ampollas. Para reducir los brotes, los medicamentos más habituales son pomadas, parches o ungüentos con principios activos como el aciclovir, el famciclovir y el valaciclovir. También hay productos que se administran por vía oral.

Para paliar la inflamación que producen las vesículas, los analgésicos como el paracetamol se revelan bastante eficaces. Aplicar hielo (un cubito envuelto en un paño limpio) sobre las vesículas también reduce el escozor, contribuyendo a aliviar el dolor.

¿Existen vacunas para el herpes?

Muchas enfermedades producidas por virus se pueden tratar y combatir mediante vacunas. Sin embargo, un solo virus puede mostrar distintas variedades (como sucede en el caso del herpes); cabe la posibilidad de que existan vacunas para algunos tipos y no para otros. Es lo que sucede en este caso. En la actualidad, se están desarrollando algunas vacunas que parecen demostrar cierta eficacia frente a ciertos tipos de herpes. La investigación ha sido llevada a cabo en los últimos años, por lo que se encuentran aún en fase de prueba y experimentación.

En el año 2015, la revista News Medical – Life Sciences publicó la noticia del descubrimiento de una vacuna para el herpes simple por parte de un grupo de científicos de la Facultad de Medicina Albert Einstein (Universidad de Yeshiva). Esta vacuna está diseñada sobre todo para tratar y prevenir la incidencia del herpes genital. En febrero del 2017, el Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH publicó otra información según la cual la vacuna para el virus del herpes VHS-2 está mostrando resultados muy prometedores en pruebas con animales (macacos). Se trata de un descubrimiento realmente importante, ya que esta vacuna podría reducir considerablemente los contagios del virus VIH en aquellas regiones del mundo donde ambas enfermedades están muy presentes.

Por otra parte, en octubre de este año ha sido aprobada una nueva vacuna para el herpes zoster por parte de la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos). Hasta la fecha existía una vacuna que proporcionaba a las personas en riesgo una protección del 60%; esta nueva fórmula eleva dicha protección al 85%. De nombre Shingrix, el proceso de aprobación terminará cuando el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU vote el uso de la nueva vacuna, y elabore un listado de recomendaciones.

Herpes labial: manifestación de la infección

BruceBlaus / Wikimedia Commons

Más vale prevenir

En el caso de esta enfermedad y como sucede con todas las afecciones provocadas por los virus, la prevención se convierte en una medida fundamental para combatirlas. Sortear el contagio implica evitar la enfermedad. Es importante lavarse las manos con jabón de manera frecuente, y evitar el contacto con la piel y las mucosas de las personas que manifiesten un brote de herpes. En el caso de herpes labial, hay que procurar no compartir vasos, barras de labios, cubiertos o toallas con las personas afectadas. El herpes genital se puede prevenir colocando métodos de barrera (como el preservativo) durante las relaciones sexuales. Sin embargo, durante el tiempo que el brote permanezca activo es preferible evitar dichas relaciones: existe la posibilidad de que algunas vesículas no queden cubiertas por las barreras y puedan transmitir el virus.

Si el virus se encuentra ya latente en nuestro organismo, para reducir los posibles brotes de herpes labial conviene evitar situaciones de estrés, resfriados o gripes, frío extremo, la exposición al sol sin protección y los estados de insomnio. Una dieta equilibrada con abundancia de frutas y verduras fortalecerá nuestro sistema inmune, evitando que el virus cobre fuerza y vuelva a atacar.

Remedios naturales para el herpes labial

Además de las medidas de prevención y los medicamentos que podemos encontrar en las farmacias, existen remedios naturales que pueden ayudarnos a contrarrestar los molestos efectos del herpes labial. Muchos de ellos los tienes en la nevera o la despensa, mientras que otros los puedes encontrar en herbolarios y tiendas de medicina natural. Aquí te dejamos algunos consejos:

  • Cuando aparezcan las vesículas provocadas por el herpes labial, infusiona una bolsita de té negro, déjala templar y aplícala directamente sobre la lesión. Deja que actúe unos minutos para reducir el dolor y acelerar el proceso de curación.
  • El ajo tiene propiedades antivirales conocidas desde hace siglos. Si eres capaz de soportar el olor, corta un diente de ajo y frótalo con cuidado sobre las ampollas. Pero si es demasiado fuerte para ti, puedes cambiar el ajo por un bastoncillo de algodón empapado en leche: su contenido en lisina contribuirá a acelerar el proceso de recuperación (IMPORTANTE: estas sustancias son más eficaces si empiezas a aplicarlas en el momento en el que sientas el picor producido por el herpes labial, antes de que aparezcan las vesículas).
  • Cuando las costras se hayan secado y caído, puedes evitar que queden marcas en la piel aplicando aloe vera sobre la zona. Tienes dos opciones: cortar un trozo de una hoja de aloe y aplicar el gel que hay en su interior sobre la piel, o utilizar aloe puro en gel, a la venta en distintos establecimientos. Si lo haces por la mañana y por la noche, evitarás marcas y cicatrices.

Estos tres consejos pueden ayudarte a minimizar las molestias causadas por esta afección. Si quieres saber más sobre remedios naturales que mejoran la calidad de vida y el bienestar, te recomendamos que leas este artículo: 20 Hierbas medicinales esenciales para cuidar la salud.

El herpes no tiene por qué suponer una merma de tu calidad de vida. Si sigues los consejos que hemos incluido en nuestra guía y te informas bien, puedes hacer frente a esta enfermedad y evitar su incidencia. Una alimentación sana, unas medidas de prevención adecuadas y una higiene correcta son las claves para hacer frente a los brotes de herpes. ¡Tenlo en cuenta!

Artículos relacionados

Sobre el autor Marta Sanchez

Soy redactora, editora y estilista freelance especializada en decoración y DIY. Me encantan el arte contemporáneo, el interiorismo y el montaje de espacios.

sígueme en:

Deja un comentario: