¿Qué es la obsolescencia programada?

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Probablemente habréis escuchado este término en más de una ocasión, ¿verdad? Es normal, pues nos afecta a todos en el día a día y en la cartera; por no hablar de sus repercusiones en el medio ambiente, en el desarrollo tecnológico y en muchos otros ámbitos de la economía, del entorno natural y de la sociedad. ¿Nunca os habéis encontrado con un aparato electrónico que falle al cabo de pocos meses o años de haberlo comprado cuando se suponía que no había razón alguna para que esto pasara? Pues por ahí van los tiros. Vamos a ver qué es la obsolescencia programada.

Obsolescencia programada: ¿qué es?

El concepto de obsolescencia programada básicamente se reduce al hecho de diseñar productos de una manera tal que al cabo de un tiempo determinado dejen de funcionar, pasen de moda o comiencen a dar problemas. La idea que hay tras esto es sencilla: obligar a que la gente tenga que volver a comprar el producto. Digamos que se trata de una manera que los fabricantes tienen para asegurarse ventas.

En estos casos por lo general suele resultar más barato desechar el producto averiado y sustituirlo por uno nuevo que mandar a repararlo. Y eso teniendo en cuenta que pueda incluso ser factible arreglarlo, pues con los elementos electrónicos que nos encontramos hoy en día en los diversos aparatos la tarea puede llegar a dificultarse hasta ser inviable. Es lo que pasa con los televisores LCD o las propias impresoras domésticas. ¿No os habéis dado cuenta que cuesta lo mismo un pack impresora+cartucho que un cartucho por separado?

Tipos de obsolescencia programada

La obsolescencia programada podemos diferenciarla en varios tipos; según corresponda:

  • Obsolescencia del software

    Este es el caso más cercano para muchos de vosotros, pues se refiere al hecho de que las compañías de software obliguen al usuario a renovar una licencia para obtener versiones nuevas de un programa; dejando el software original abandonado y sin actualizaciones. Con el paso del tiempo el programa irá quedándose desfasado respecto a las directrices del mercado y el cliente no tendrá más remedio que pasar por caja nuevamente si quiere tener algo operativo.

    Un ejemplo muy claro de este tipo de obsolescencia programada es lo que hace poco sucedió cuando Microsoft decidió de manera unilateral dejar de dar soporte a Windows XP. De esta manera obligaron a sus usuarios a comprar las nuevas versiones del conocido sistema operativo; y por ende también se aseguraban nuevos ingresos.

  • Obsolescencia electrónica

    Esta es otra de las versiones más conocidas de la obsolescencia programada, pues se refiere a la degradación que los componentes electrónicos tienen a lo largo de los años, haciendo que los electrodomésticos, las videoconsolas, los smartphones y otros aparatos por el estilo fallen al cabo de una serie de años. Como os comentaba más arriba con el ejemplo de los televisores LCD esto es el pan nuestro de cada día desde los años 80, momento en el que la tecnología digital fue avanzando hasta llegar a lo que tenemos hoy en día.

    Cabe destacar cómo este tipo de obsolescencia programada tiene un problema adicional que no es “moco de pavo”: la contaminación. Si tenemos en cuenta que en La Tierra somos más de siete mil millones de habitantes, y que cada vez se tiene más acceso a este tipo de dispositivos electrónicos a raíz de la reducción generalizada en los precios, nos encontramos con un volumen de desechos gigantesco. Y lo malo del asunto es que la mayor parte no acaba en centros de reciclaje como tal, sino en vertederos ilegales de medio mundo. ¿Sabíais que el plástico puede llegar a tardar 1.000 años en descomponerse?¿Queremos ese futuro para nuestros hijos y nietos? Un tema delicado, no hay duda; pero que lamentablemente ha pasado a un segundo plano.

  • Obsolescencia mecánica

    Este tipo de obsolescencia programada es muy similar a la electrónica, pero con la salvedad de que se da en los sistemas mecánicos a raíz de las aleaciones empleadas, de los sistemas de intercambio de potencias y de otros elementos clave. Es típico en los coches actuales, que son mucho más complejos de arreglar que los de antaño. De hecho hay pequeñas piezas de materiales de baja calidad que al cabo del tiempo pueden hacer que se presente la necesidad de cambiar un motor entero o una caja de cambios.

    Aquí también tiene mucho que ver la electrónica, pues en los vehículos de hoy en día la mitad funciona con chips. No como antaño, donde con un martillo y algo de pericia ya tenías el coche “como nuevo”.

  • Obsolescencia farmacológica

    Esta es probablemente la versión más chocante de la obsolescencia programada, pues afecta directamente a la salud. Básicamente se refiere al hecho de que las compañías farmacéuticas diseñen sus productos de manera tal que al cabo de un tiempo su efecto sobre el organismo se vea reducido hasta en un 80%. Digamos que avanzan de manera artificial la fecha de caducidad para que las farmacias, los sistemas sanitarios públicos y privados, y los propios clientes finales, tengan que pasar por caja nuevamente si quieren seguir con el tratamiento.

    Lamentablemente es algo que pasa con demasiada frecuencia en fármacos relacionados con enfermedades graves como el cáncer, el sida o los trastornos psiquiátricos agudos.

  • Obsolescencia biológica

  • ¿Habéis escuchado alguna vez lo que sucede con las semillas de Monsanto? Os pondré en contexto. Monsanto es una multinacional dedicada al desarrollo de productos químicos para el sector agrario, siendo líderes en lo que a herbicidas y desarrollo artificial de semillas se refiere (entre otras cosas). Y resulta que estas semillas están modificadas genéticamente para que no puedan emplearse más de una vez. Es decir, que las frutas vienen con semillas estériles.

    La obsolescencia biológica se basa en este tipo de alteraciones genéticas. Y para que os hagáis una idea más cercana tened en cuenta las fechas de caducidad y consumo preferente. La ley establece cuáles deben ser en base a los ingredientes empleados, pero no indica qué ingredientes deben utilizarse en según qué productos; lo que hace que a nivel industrial se desarrollen alimentos diseñados para aguantar menos tiempo y obligar así al consumidor a volver a la tienda.

  • Obsolescencia de moda

    Esta obsolescencia programada se basa en la pura estética del sector textil, ya que vital o peligrosa no es. Hace alusión al hecho de que se empleen materiales y cortes muy determinados en las temporadas de ropa para que a posteriori pueda denotarse con facilidad a qué año pertenece la prenda en cuestión. Para mucha gente esto es motivo más que suficiente para renovar el vestuario, y los diseñadores y las empresas textiles lo saben.

Ventajas y desventajas de la obsolescencia programada

Las partes negativas de la obsolescencia programada están bastante claras: estafa al usuario que piensa estar comprando calidad y daño al medio ambiente. Ahora bien, ¿hay algo positivo en todo esto? Teóricamente sí, pues el ciclo de consumo hace que los empleados de la industria puedan tener cierta estabilidad laboral, que se acaben pagando más impuestos, que el PIB se incremente y que la investigación científica avance (aunque habría que ver si en el buen camino).

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Sobre el autor Jon Sainz

Programador industrial, blogger profesional y Coordinador de Contenidos de Cursos.com.

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